Los enemigos de unas elecciones en democracia

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Fraude y violencia electoral amenazan el proceso electoral de los próximos meses, cuando esperábamos que éste fuera un evento democrático que marcara una diferencia, dada la tranquilidad que podíamos tener con unas FARC jugando como partido político y un ELN sentado en la mesa de negociación en medio de un cese de hostilidades bilateral vigente.

La medición de riesgos para los dos eventos electorales próximos, presentados la semana anterior por la Misión de Observación Electoral (MOE), señala 170 municipios, la mayoría con riesgo extremo y alto, en los cuales coinciden riesgos electorales tanto por fraude (manipulación en votos nulos y en tarjetones no marcados, compra de votos, entre otros) como por factores de violencia (accionar de actores armados tales como el ELN, disidencias de las FARC, paramilitares y bandas criminales, homicidios, amenazas, atentados, confinamiento y desplazamiento forzado con implicaciones electorales, violaciones a la libertad de prensa).

Reconoce el informe de este organismo que los índices de violencia en vastas zonas del país han disminuido, centrándose ahora en regiones específicas asociadas a economías ilegales, afirmando que estas elecciones registran el menor nivel de riesgo de violencia desde que la MOE hace esta medición.

Enfatiza que persisten prácticas corruptas, fraude electoral, compra de votos y trashumancia electoral. Es así como la MOE solicitó a las autoridades una vigilancia especial y presencia de las autoridades responsables de vigilar el proceso electoral en 20 municipios situados en 10 departamentos, en los cuales se aumentó el nivel de riesgo a extremo para 2018.

De otro lado analizan como un resultado del proceso de paz que se haya eliminado el riesgo electoral por factores de violencia en 79 municipios, al tiempo que identifican ocho ciudades capitales (Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Ibagué, Popayán, Santa Marta y San José del Guaviare) con un nivel alto de riesgo por fraude.

A las amenazas señaladas por este organismo, añadimos la mentira y la intolerancia que convierten este debate en un reto para una nación en vías de construir paz. Porque hay sectores que persisten en infundir miedo y odio antes que confianza en las posibilidades de un país reconciliado, y en mover más las emociones de los potenciales electores, que el análisis y valoración de las propuestas concretas de los candidatos frente a problemas reales. Porque muchos candidatos, antes que esforzarse por poner en el debate democrático alternativas a la generalizada situación de pobreza, exclusión, corrupción, entre otros, manejan datos y cifras contrarias a la verdad que los ciudadanos o no conocen o no confirman, o dan por ciertas verdades a medias bien maquilladas. Resulta de alto riesgo que para algunos el proselitismo político consiste en organizar pequeñas gavillas enfurecidas cuya misión es atacar la integridad personal y bienes de algunos de sus contendores.

Tenemos confianza en que la convicción de la necesidad de superar más de medio siglo de dolorosa violencia extrema, nos siga vacunando contra estas amenazas, por cuanto los ciudadanos valoramos más el imperativo ético de la reconciliación frente al odio insuperable, la convicción de la paz como un bien común a alcanzar, la opción por la vida, el respeto al otro diferente a mí, y el debate de ideas como sellos de una democracia real que aún debemos terminar de construir.

Los organismos de vigilancia y control de los procesos electorales deben afinar toda su capacidad para cumplir con su función ante estos riesgos detectados y ya conocidos, así como los ciudadanos pertenecientes o no a movimientos y partidos políticos deben asumir su responsabilidad ejerciendo veeduría y control social, para que estos eventos electorales reflejen de la mejor manera el país con paz integral y sin corrupción que queremos.

 

 

 

 

MARCO ANIBAL AVIRAMA AVIRAMA

Alianza Social Independiente ASI

 

 

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